PAUTAS ÚTILES PARA DISCERNIR

Una peculiar característica del ser humano es no atender a las cosas que le pueden ayudar a su crecimiento integral. Pero hay algo sencillo que te proponemos, con la intención de que te acerques al mundo del pensamiento basándonos en que, así como pensamos, así somos. ¿Te interesa?
El pensamiento está siempre presente, en cualquier lugar con personas conversando, teniendo un libro entre manos en una biblioteca, manteniendo una agradable conversación en una cafetería usual. Seguro que cuando sonreímos hay algún pensamiento que nos acompaña. Seguro que es un hermoso pensamiento quien impulsa la sonrisa. Y por supuesto el pensamiento no tiene edad, ni tampoco se mide por el tamaño. ¿Pesa un pensamiento? Yo creo que no, ¿verdad? Hay quien dice que el pensamiento mueve la magia.

«Siembra un pensamiento, cosecha una acción. Siembra una acción, cosecha un hábito. Siembra un hábito, cosecha un carácter. Siembra un carácter, cosecha un destino» Dice el proverbio.
Los textos de esta entrada están inspirados en la pequeña obra de James Allen titulada, “Como el hombre piensa, así es él”.

"Ellos son los modeladores de sí mismos, en virtud de los pensamientos que eligen y que estimulan, que la mente es el maestro tejedor, tanto de la vestidura interna, el carácter, como de la vestidura externa, las circunstancias, y que así como han tejido hasta aquí en la ignorancia y el sufrimiento, puedan ahora hacerlo a la luz del conocimiento y de la felicidad" James Allen.
El aforismo que dice, "como el hombre piensa en su corazón, así es él", no sólo abarca todo lo referente al ser humano, sino que es tan comprensivo y amplio, que se extiende a todas las condiciones y circunstancias de su vida.

El hombre es literalmente lo que piensa, siendo su carácter la suma total de todos sus pensamientos. La mente humana es comparable a un jardín, el que puede cultivarse inteligentemente o bien dejarse abandonado.
Las circunstancias maltratan al hombre mientras éste se cree víctima de condiciones externas. Pero cuando llega a comprender que él es un poder creador y que puede gobernar el terreno y las semillas ocultas de su ser, de donde brotan las circunstancias, llega a ser el verdadero dueño de sí mismo.
El alma atrae aquello que secretamente alberga, aquello que ama, como también aquello que teme.
El mundo externo de las circunstancias toma forma de acuerdo con el mundo interno del pensamiento. Y tanto las condiciones agradables como las desagradables son factores que concurren al bien absoluto del individuo.

Las circunstancias no hacen al hombre, lo revelan a sí mismo. No atraemos lo que deseamos, sino lo que somos. La "divinidad que forma nuestros destinos" está dentro de nosotros, es nuestro propio ser. No aquello que desea, ni aquello por lo cual ruega, obtiene el hombre, sino aquello que con justicia gana para sí y merece.
Sus deseos y ruegos son satisfechos y cumplidos sólo cuando ellos armonizan con sus pensamientos y acciones. El sufrimiento es siempre efecto de algún pensamiento errado.
Es indicio de que el individuo está fuera de armonía consigo mismo, con la ley de su ser. Purificar, quemar todo lo que es inútil e impuro, es el único y supremo fin del sufrimiento. Este cesa pues para aquel que ha alcanzado la pureza.
Cambie un hombre radicalmente su pensamiento y se asombrará ante la rápida transformación que esto efectuará en las condiciones materiales de su vida.
Todos se imaginan que el pensamiento puede mantenerse oculto, pero no es así. Rápidamente este se cristaliza en hábitos y el hábito a su vez se solidifica en circunstancias.

Una corriente cualquiera de pensamientos en la cual se persista, sea esta buena o mala, no puede dejar de producir sus resultados en el carácter y en las circunstancias. No se pueden elegir estas directamente, pero sí se pueden elegir sus pensamientos y de este modo, indirecta pero seguramente, moldear sus circunstancias.
El cuerpo es el servidor de la mente, obedece a la acción de esta, ya sea dicha acción deliberada o automática. Bajo las órdenes de pensamientos ilícitos, el cuerpo se sume rápidamente en la enfermedad y la decadencia. Como bajo el imperio de pensamientos alegres y hermosos se reviste de juventud y belleza. De un corazón limpio nace una vida y un cuerpo limpios.

De una mente viciada procede una vida viciosa y un cuerpo corrompido. El pensamiento es la fuente de la acción, de la vida y de la manifestación. Purificad la fuente y todo será puro.
No hay mejor médico que el pensamiento alegre para disipar los males del cuerpo. Ningún consuelo comparable a la buena voluntad para dispersar las sombras de la tristeza y el dolor.
Mientras el pensamiento no se una al propósito, no habrá obra inteligente y efectiva. El ser humano debe concebir en su corazón un propósito lícito y dedicarse a su consecución. Debe hacer de él el eje de sus pensamientos.
Puede que dicho propósito sea un ideal espiritual o bien un fin material, pero sea cual fuere, debe él centralizar toda su fuerza mental en el objetivo que se ha propuesto y hacer de este su deber supremo, dedicándose a alcanzarlo y sin permitir que sus pensamientos se distraigan en fantasías efímeras, en inquietudes o imaginaciones. Este es el camino real que lleva al dominio de sí mismo y a la verdadera concentración del pensamiento. El pensamiento, unido intrépidamente al propósito, se hace fuerza creadora.

El que sabe esto está listo para llegar a ser algo superior a un simple atado de pensamientos vacilantes y sensaciones volubles. El que hace esto ha llegado a ser dueño consciente y talentoso de sus poderes mentales.
Todo lo que un hombre hace y todo lo que deja de hacer es el resultado directo de sus propios pensamientos. Toda condición es propia del que la posee. Su felicidad o su desgracia vienen de sí mismo. Como piensa, así es él. Como siga pensando, así seguirá siendo
Los progresos espirituales son la consumación de sagradas aspiraciones. El que vive constantemente en la concepción de pensamientos nobles y elevados, que solaza su mente en la pureza y la generosidad, llegará a ser, con la misma certeza, con que el sol llega a su cénit, noble y sabio en carácter, elevándose a una posición de influencia y de bien. La obra, de cualquier índole que sea, es siempre la coronación del esfuerzo, la diadema del pensamiento. Mediante la ayuda del control de sí mismo, de la resolución, de la pureza, de la rectitud y del pensamiento bien dirigido, el hombre asciende.

Así como el mundo visible se sostiene en el invisible, así los hombres, a través de todas sus pruebas, sus faltas e inclinaciones sórdidas, se nutren de las hermosas visiones de los soñadores solitarios.
La humanidad no puede olvidar sus idealistas. No puede dejar que los sueños de éstos palidezcan y mueran. Vive en ellos. Sabe que esos sueños son las realidades que algún día contemplará y conocerá.
Amad vuestras visiones. Dad alas a vuestros ideales. Cultivad con amor la música que se agita en vuestro espíritu, la belleza que toma forma en vuestra mente, el encanto con que se revisten vuestros pensamientos más puros, pues de ello nacerán las condiciones más deleitosas, el ambiente más feliz. De ello, si le sois fieles y leales, construiréis por fin vuestro mundo.

El hombre adquiere serenidad a medida que comprende que es un producto del pensamiento evolutivo, ya que este conocimiento significa que todos los demás hombres son igualmente productos del pensamiento. Y a medida que desarrolla esta comprensión y ve con siempre creciente claridad la relación interna de las cosas por la ley de causa y efecto, cesa en sus lamentos e inquietudes y queda equilibrado, firme, sereno. Esa exquisita regularidad de carácter que llamamos serenidad es la última lección de cultura que aprovechar. Es el florecer de la vida, la fructificación del alma.
Almas atormentadas, donde quiera que estéis, sea cual fuere vuestra situación, sabed esto. En el océano de la vida sonríen las islas de la felicidad y la playa luminosa de vuestro ideal os aguarda. Mantened la mano firme sobre el timón del pensamiento. El control de sí mismo es fuerza, el pensamiento bien dirigido dominio, la serenidad poder.
Decid a vuestro corazón, «la paz sea contigo».

