Música: alimento del alma.

La música es una de las más importantes formas de expresión artística y un lenguaje universal y del alma, que siempre despierta en nosotros emociones, sensaciones y recuerdos únicos, que nos acompañan a lo largo de toda nuestra vida.  Desde tiempos inmemoriales, la música ha formado   parte de la vida de los seres humanos, en todas las épocas y culturas existió alguna forma de expresión musical.

La música imita directamente las pasiones o estados del alma. Aristóteles.

En la actualidad, existen diversas maneras de producir música, pues en cada cultura tienen cabida muy distintos tipos, empleados con fines recreativos, festivos, ceremoniales o publicitarios. Algunos muy tradicionales como una orquesta clásica o una banda, y otros más contemporáneos como grupos pop, funk, reggae, salsa, rock, jazz, EDM, reggaetón, trap, latino, etc... Sin embargo, el principio que las guía no es similar y sus efectos en las personas tampoco.

Desde hace años existe un continuo debate y una creciente preocupación acerca del modo en que algunas melodías, y también las letras explícitas de muchos temas actuales, influyen en quien las escucha, y pueden desencadenar, en algunos casos, comportamientos poco o nada adecuados.

La influencia de la música en nuestra mente es muy poderosa, está demostrado que las notas musicales producen energía. Diversos experimentos científicos han confirmado, por ejemplo, que la música modifica profundamente nuestro cerebro: todos los órganos, las hormonas y el sistema inmunitario, reaccionan con la música, y esta se utiliza como terapia complementaria en diversos problemas de salud.

Masaru Emoto, un conocido científico japonés, realizó diferentes experimentos con agua, exponiéndola a varios estímulos controlados, y observó bajo microscopio las formas que adquirían las gotas de agua. Comprobó, entre otros hallazgos, que el agua expuesta a música clásica adoptaba formas delicadas y simétricas, pero si la exponía a heavy metal o a palabrotas inadecuadas, el agua en lugar de formar cristales hermosos adoptaba estructuras caóticas. 

Mensajes del Agua - Documental del Dr.Masaru Emoto (DOC COMPLETO)

Al conocer este experimento uno se puede preguntar ¿qué pasa entonces con el ser humano, compuesto en un 60 % de agua, o con su cerebro, que se compone en un 70 % de este elemento?

Todos hemos podido comprobar alguna vez que la música tiene un impacto en nuestro comportamiento y que distintos tipos de música producen en nosotros efectos diferentes. Junto a las melodías de algunas canciones también sus letras inciden no solo en nuestro humor, sino también en nuestro modo de percibir la vida, en nuestra forma de pensar, de sentir, de actuar, por lo tanto, resulta muy conveniente pararnos a reflexionar sobre qué tipo de música elegimos para escuchar.

En nuestra sociedad, la industria musical y la publicidad constituyen algunas de las variables que explicarían en muchos casos por qué nos inclinamos hacia ciertos estilos y no otros. Cuando la música pasa a ser un “producto comercial” pasa a ser automáticamente un negocio y pierde su consideración de bien cultural. ¿Dónde está la frontera que permite diferenciar claramente qué es ruido impuesto y qué es música?

¿Te has preguntado alguna vez sobre tus gustos musicales, o por qué te inclinas hacia una música determinada? ¿Cuál ha sido tu educación musical? ¿Eliges tu música libremente o te dejas llevar por las “modas”?

La música es un gran regalo, y debería estar presente en la vida de cada ser humano, sin olvidar que incluso la misma naturaleza está plagada de sonidos, de armonía y de melodías propias, para nuestro deleite y para fortalecer nuestro espíritu, mente y cuerpo.

“La música es como la lluvia, cuando la escuchas, tu corazón siente esa pasión y

sentimientos de grandeza que no se pueden explicar con palabras, solo lo sabrás al sentirla”.

(Marta Iris Rodríguez. Compositora, cantante y música)

Vivimos con un telón de fondo ruidoso, rodeados de contaminación sonora que desequilibra el ambiente y altera nuestro equilibrio interior. Aprendamos, pues, a sintonizar con las melodías que crean armonía en nosotros y en lo que nos rodea. Aprendamos a silenciar el ruido (las preocupaciones, los bocinazos, las noticias, las redes, la televisión y el móvil) para sintonizar con otros sonidos, para llenarnos de música para el alma, esa que nos permite encontrar la paz interior y reconectar con nuestra esencia más pura.