LA INTEGRIDAD DEL ALMA

«El amor es el calor de la luz del ser. Por eso el amor lo abarca todo. El amor es el calor y el resplandor de la Unidad. El amor es la esencia del Universo». Rumi.

El viento susurraba entre los olivos, cargado del aroma a tierra seca y sal marina. El sol del atardecer pintaba de oro las paredes encaladas de la pequeña ermita donde Ana y Marcos se encontraban, sentados en silencio sobre viejos bancos de madera.
 
Ana, rompió el silencio con voz suave pero firme.
—Justamente, dar valor a la integridad del Alma se consigue acercándose a contenidos éticos... Marcos, ¿lo sientes así? ¿Sientes que cada elección, cada pequeña decisión, es una prueba de nuestro compromiso con el Alma, con trascender la personalidad?

Marcos, asintió lentamente.
—Veo la necesidad de desprenderme de las máscaras, de las falsas expectativas que me impongo a mí mismo y que la sociedad impone sobre mí. He notado que al acercarme a esos contenidos éticos, a la verdad que reside en el corazón, estos se despiertan en mí... como semillas que fueron sembradas en un tiempo de reposo, de quietud.
 
—Aquí es donde encuentro la sutil diferencia -continuó Ana, con la mirada fija en un punto lejano- entre quienes saben hablar del conocimiento y quienes lo han transmitido genuinamente. He conocido a muchos que recitan la sabiduría con elocuencia, pero pocos que la viven. "Quienes van unos pasos por delante" son éticos, Marcos. Y esa ética no la pregonan, no la alardean. Es una cualidad que se irradia, silenciosamente.

Marcos cerró los ojos, sintiendo la resonancia de sus palabras.

—La humildad no se pavonea del saber. La ética es la puerta de la verdad, y esa puerta, como bien dices, nos da las pautas del silencio, la atención, la impersonalidad, la voluntad... Y es ante esas pautas donde me encuentro cara a cara con mi propia ignorancia, con mi orgullo, con todas las sombras que deben ser transformadas en luz.

Ana sonrió.
—La ética es imperiosa, es magna para el crecimiento del Alma. Y la alusión que encontramos al estudiar, proviene de la idea simiente de despertar la conciencia. Pero no se trata de vivir la vida a través de los sentidos, donde la mente es la reina. Se trata de vivir desde el corazón sosegado, desde el desapego, desde la conciencia por encima del plano material. Un camino que va desde el deseo material ingenito en la mente al logro espiritual.

Marcos abrió los ojos, con una chispa en la mirada.

—Como decía Annie Besant, la Grecia de Pitágoras, con su matemática y su música, su orden y su armonía, tiene un mensaje para nosotros. Un mensaje que sólo puede ser recibido por aquellos cuya naturaleza se halla sintonizada, por proceso generativo, con la sabiduría pitagórica.

Se quedó mirando hacia el horizonte.

—He aprendido a ver los exámenes de la vida no como obstáculos sino como oportunidades para aprender, para crecer en humildad. La indiferencia es el verdadero riesgo, pues cierra la puerta al crecimiento interior.


 
Ana se puso frente a él diciendo.
—Las disciplinas son un privilegio, una oportunidad de vislumbrar un pequeño atisbo del Reino de Dios. Nada viene si no se va hacia…, y esa es la acción autoconsciente, la sencillez aceptada como el umbral del Sendero. Marcos, ¿qué somos sino aprendices al crecimiento interior? ¿Qué somos sino seres puestos a prueba?
 
Ana se sentía inspirada diciendo:
—Hoy creo ver con bastante claridad lo que llamo “el sentido utópico” que es el impulso inherente que no puede nacer desde ninguna decisión o propósito en la mente. Lo inherente nace en el corazón, y esto se aprende y despierta sin que sea un deseo o delirio propio o de alguien.

Se miraron a los ojos, con una comprensión silenciosa y profunda. El viento soplaba más fuerte ahora, llevando consigo el aroma a tierra y sal, un recordatorio constante de la belleza y la impermanencia de la vida, un llamado a vivirla con integridad, con ética, con la mirada fija en la sencillez como la llave que abría las puertas del silente corazón.

La Integridad del Alma

Subir