La guerra no es más que otro modo de desestabilizar la conciencia humana, y hacer que muchas personas pierdan la realidad de que venimos al planeta para aprender a vivir en paz

Guerra es una palabra conocida y temida entre los seres humanos. Y, curiosamente, algo hemos hecho para llevarla como parte del currículum de la humanidad. Porque esta palabra no es una que identifica cualquier elemento de la naturaleza, ni tampoco de la naturaleza interna del ser humano. Una extraña acción esto de guerrear. ¿Qué interés mueve estos hilos que juegan con la vida y la muerte de muchas personas, pero estas se sienten soldados en vez de víctimas de ese interés?

Ha existido y existe una diversidad, o gran diversidad, de creencias de toda índole en el camino de la humanidad, para darle forma a algo superior como guía de la raza humana, pero esta cuestión también ha sido y es utilizada como otro elemento de supremacía, demostrando que el egoísmo de manipular es un ingrediente latente en el ser humano. ¿Qué esconde el interés del ser humano por convertir en religión lo que se nos legó como luz pura?

La esencia de las principales religiones es merecedora de un estudio comparado, y de extraer conclusiones más allá de lo que conocemos según la historia oficial. Puede que tal investigación nos lleve a reconocer la existencia de que los llamados fundadores de cada religión no son tales. Un planteamiento objetivo puede llevar a la certeza de que los únicos que hemos creado una religión de las enseñanzas de Cristo, Buda, y de otros avatares hemos sido las personas. Los avatares no fundaron nada que sirviera para adoctrinar a la humanidad.

Y las personas hemos necesitado crear muy diversas falacias para que lo espiritual sea para unos motivo de temor, para otros motivo de adoración, para otros motivo de enfrentamiento. Pero las mentiras, cuando pasa el tiempo, se convierten en verdaderos templos cuya apariencia, en vez de enseñar la verdad de la vida, lo que hacen es ocultarla y en el mejor de los casos crear confusión y dogmatismo.

La propia sociedad ha ido trazando y alimentando sus mentiras en base a intereses creados, siempre para un mismo fin que es la manipulación. Y en la sociedad actual tenemos la certeza de que nada es del todo verdad cuando pasa por nuestras manos. Las verdades escritas desde esos intereses creados las contemplamos en los periódicos, en las noticias, en el boca a boca de personas que nada saben. Parece que los que saben de verdad trabajan en silencio. Un silencio cuyo nombre es la ética.

Pero la ética no interesa que exista en ningún país llamado civilizado. Porque la mal llamada civilización mantiene sus estructuras en detrimento de la mayoría. Cuando en vez de personas nos llamamos borregos es porque hemos decidido que unos pocos piensen por todos, y esto acarrea una palabra peor que el cáncer: indiferencia. Si la ignorancia no ha dejado de existir, la indiferencia es la práctica de la ignorancia.

Hoy en día, parece evidente que hasta las instituciones por la paz son meras apariencias de que existe esa paz. Cualquier país mal llamado civilizado tiene su ejército para la defensa. Una faceta más del sistema económico de los menos, que fractura la verdadera globalidad que solo es ficticia. Pero la verdadera guerra desde hace mucho tiempo es psicológica y económica. Y esto es evidente sin necesidad de analistas o expertos.

¿Existe la democracia? Por supuesto que no. La llamada democracia actual es una necedad. No hay verdadera democracia cuando las élites son quienes provocan las crisis y mueven y remueven los conflictos, y manipulan sin escrúpulos lo que hoy se llama información, que nada tiene que ver con ninguna verdad que pertenezca y motive el espíritu humano.

La guerra no es más que otro modo de desestabilizar la conciencia humana, y hacer que muchas personas pierdan la realidad de que venimos al planeta para aprender a vivir en paz. Una paz que la instaura el vencedor de una guerra. Nada es paz cuando el camino es el conflicto.

Nos han hecho creer de la necesidad de impuestos, de la necesidad de organismos globales para Europa —por ejemplo— a efectos de sentirnos protegidos y defendidos nuestros intereses. ¿Intereses, de quién? Y hemos llegado a un punto donde la libertad ha quedado relegada a una opresión encubierta, y orquestada con muchos recursos que no son de nadie salvo de quienes tienen el poder.

¿Hacia dónde vamos? Esta pregunta es complicada, más aún cuando hemos perdido el interés de saber quiénes somos: curiosamente un camino de paz hacia ella misma. ¿Cómo vamos a tener interés sobre algo que se ha ocultado deliberadamente?

Una humanidad en la que la palabra guerra ha estado siempre presente en muchos ámbitos. Desde la infancia uno ha comprado sus soldaditos para jugar a la guerra… Y es también evidente el que la cultura para la guerra existe y se potencia en la sociedad, influyendo en las mentes de muchas personas como una realidad más.

Al final es siempre lo mismo: la pobreza, la necesidad hace que muchos contemplen la milicia como un trabajo del que vivir.

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