Si observamos la Historia de la Humanidad, y por tanto, la Historia de su Educación, se han sucedido en los distintos periodos y contextos sociales, sus respectivos y puntuales modelos educativos, basados en filosofías, ideologías o religiones.

 

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Esta situación se repite en la historia y los modelos responden, todos y cada uno de ellos, a unos mismos parámetros:

Se presentan, a sí mismos, como nuevos orientadores necesarios y única alternativa para el desarrollo de todo cuanto le concierne al ser humano, sea de orden físico, psicológico o espiritual, y para la organización social de la ciudadanía.

Están al servicio del poder establecido por una clase dirigente que abarca el orden social, político y económico.

Se implantan dogmáticamente y exigen sumisión y uniformidad. Su particular ideal educativo es exclusivo, nunca inclusivo, y siempre reprime de forma resolutiva y más o menos sutilmente, (no dudando en usar la extorsión y la violencia), cualquier movimiento intelectual, organización social o espíritu artístico contrario a sus propios intereses.

Se sistematizan completamente argumentados y estructurados.

Categorizan los valores y principios pedagógicos y el conocimiento y la ciencia, agrupándolos y diferenciándolos en función de su finalidad última y particular, que en todo caso responde a un determinado modelo social aparentemente educativo, por ser siempre postulante de teorías academicistas y eufemismos no llevados a la práctica, pues todos separan la Educación, y nunca la integran en la realidad social del momento hasta sus últimas consecuencias.

No se persigue la educación esencial, integral y permanente del individuo y de la sociedad en su conjunto. Los modelos se basan en la adquisición de conocimientos y de capacidades productivas y en la aceptación de pautas y valores sociales establecidos.

Cada uno utiliza los recursos que tiene a su alcance para su implementación: las artes y las ciencias, las tecnologías y los medios de comunicación, las instituciones y las administraciones públicas,…

¿En pleno siglo XXI, qué diferencia existe en el modelo educativo actual de los del pasado, sea éste lejano o cercano en el tiempo?

Sólo las formas, los planteamientos, las estructuras, los recursos, pero su finalidad se mantiene inalterable: la sumisión de todo ser humano, en su integridad, al sistema imperante, que ha apostado definitivamente por el materialismo, olvidando todo ideal de evolución y progreso humano y toda aspiración espiritual.

En una sociedad globalizada, gracias al inmenso y acelerado desarrollo científico, tecnológico y comunicativo alcanzado, esta situación se ha establecido en la humanidad definitivamente a nivel planetario. El autoproclamado “nuevo orden mundial” corresponde y concierne a un único modelo de pensamiento y conducta de vida, a una única forma de convivencia, y por tanto, de educación. Ésta consiste en mero adoctrinamiento a las exigencias de un sistema deshumanizado, meramente basado en el condicionamiento económico de producción y consumo, indiferente a su propia esencia.

Observando la historia de la educación del hombre como individuo y sociedad que es, solamente en su época contemporánea y hasta nuestros días, se evidencia un paralelismo entre los intereses del Absolutismo del siglo XVIII, los del Colonialismo del siglo XIX, los de los Estados Totalitarios del siglo XX y la Globalización del siglo XXI. Todos propician lo mismo aunque se manifiesten encubiertamente de manera diferente: la educación como arma de poder.

Y nunca hasta ahora ha habido un arma tan poderosa y destructiva del valor del hombre como tal, porque nunca la Educación, que es la nutriente de su evolución y su destino, ha estado en manos de una élite dominante tan poderosa y tan contraria a ella. Nunca el riesgo global ha sido mayor, pues nunca en la historia se ha expuesto hasta a la misma Madre Naturaleza, sustento de la vida de todo ser planetario, en riesgo de aniquilación.

Y mientras esto pasa, viviendo y viéndolo con nuestros propios ojos, los argumentos siguen estando inalterables y las valientes reacciones individuales y colectivas a esta nueva forma de ignorancia, esclavitud e injusticia son continuamente perseguidas con todos los medios al alcance. La consecuencia es que se ha llegado a un grado de indiferencia extrema que mantiene aletargadas las conciencias, en un estado hipnotizado por la superficialidad, la decadencia moral, el individualismo egoísta, la inercia, y la prepotencia de las más bajas pasiones de la naturaleza humana.

La Educación está secuestrada y amordazada por unos dirigentes que la presentan hipócritamente y sin pudor, disfrazada de una frívola mescolanza de teorías y fariseísmos de todo tipo bajo el nombre de democracia, defensa de los Derechos Humanos, académicos discursos bienintencionados, falsos golpes de pecho de las religiones, propagandas buenistas tipo Conmemoración Internacional del Día de no sé qué, etc.

Mientras todo esto pasa, más de dos tercios de los humanos, los más oprimidos por el sistema, los desheredados y los abandonados, sucumben en su nefasta realidad, y los demás, (a nivel social, colectivo, familiar e individual), tranquilizamos nuestras conciencias, absolutamente programadas, quejándonos, enfermando o enloqueciendo en unas formas de vida cada vez mas prisioneras de nosotros mismos.

Así, cotidianamente vivimos o malvivimos mientras intentamos educar a nuestros hijos y alumnos, respondemos al fisco, trabajamos o buscamos el trabajo, votamos a nuestros dirigentes, rezamos a nuestros particulares dioses para que hagan algo (sobre todo hacia uno mismo), nos miramos el ombligo y vemos la “paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio”, nos distraemos… Sin querer darnos cuenta, y adormecidos, alimentamos en cada momento una situación global cada vez más insostenible.

Todos somos parte responsable de todas y cada una de las problemáticas generadas en todos los órdenes de la sociedad, y por lo tanto estamos obligados a contribuir en su solución. El compromiso es hacia la Humanidad Una. Y puesto que ninguno estamos fuera de ella, todos somos responsables de su Educación, comenzando por la propia.

 

22.4.2019 Pedro Campos