Existen motivos sobrados para reflexionar esta cuestión desde una óptica diferente a la que nos venden los gobiernos a través de los medios de comunicación, los cuales están mediatizados por intereses espúreos y nada claros.

Si la economía estuviera planteada bajo otros aspectos éticos y humanistas, no estaríamos viendo ahora el espectáculo que nos están mostrando los políticos a nivel nacional y a nivel internacional; se trata de ser realistas, y las vidas y la salud de los seres humanos debe ser lo prioritario, antes que la economía materialista y consumista en la que estamos inmersos y las políticas de miedo que se acontecen diariamente.

Al estar fallando en la base del compartir y ser solidarios con “el otro”, pues la estructura del sistema capitalista está orientada al egoísmo y a la rentabilidad al coste que sea, esta misma falla al romperse la cadena del consumir, hecho demostrado en los tiempos de esta pandemia. No se sostiene el actual sistema de reparto de riqueza, pues los más débiles en tiempos de crisis son los que pagan los “platos rotos” en todos los estados del planeta.  Con la globalización se ha demostrado que la brecha entre pobres y ricos cada vez es más ancha y profunda, desmitificando el gran argumento de que el mercado tiene que ser libre porque se “auto regula”, esta falacia de la que participan la mayoría de gobiernos actuales, es la que está retro-alimentando el fracaso de un reparto justo de la riqueza, pues también está demostrado que en tiempos de crisis las grandes riquezas aumentan y los pobres son cada vez más pobres.

16-02-14 L'Albufera_0009

Con la excusa del Covid-19 se está aprovechando en la sombra una concentración de poder como nunca se había visto en la humanidad hasta la fecha, se están fusionando bancos para establecer mercados sin competencia, se están reorganizando y fusionando grandes compañías que controlan el abastecimiento y la producción de alimentos básicos a nivel mundial, se han estado uniendo con sociedades superpuestas las grandes compañías electroquímicas, farmacéuticas, petrolíferas y un largo etc., con el fin de controlar el mercado e imponer sus precios. Nos podríamos preguntar ¿dónde esta el libre mercado? A esto es a lo que están llevando las políticas neoliberales, la política debería estar al servicio del ser humano y no en contra, pero claro ¿quién le pone el cascabel al gato?

Si fuésemos capaces de reaccionar a nivel individual, siendo coherentes y responsables en el consumo, nuestra vida a nivel planetario cambiaría, ¿cómo?, aplicando la ética en ejemplos cotidianos como que no deberíamos comprar lo que no nos hace falta, pasar del tema de la moda y usar la ropa que tenemos hasta  que se rompa por el uso e incluso repararla, así como electrodomésticos y aparatos electrónicos; no cambiar de móvil cada año, por ejemplo, comprar en tiendas de barrio tanto de alimentación como de cualquier artículo, denunciar productos que tengan la obsolescencia programada, sacarle a nuestro coche todos los años que podamos… Esto sería, básicamente, un replanteamiento y cambio de hábitos, y comprobaríamos cómo la Madre Naturaleza tiene la capacidad de regenerarse en poco tiempo, pues ya lo ha demostrado. ¿Vale la pena?