Ejerzo mi labor docente en la Enseñanza Secundaria Obligatoria impartiendo a los adolescentes las materias de Ciencias Sociales (Geografía e Historia) y Cultura Clásica (legado de Grecia y Roma).


La finalidad de todas ellas es la de posibilitar al alumnado, en esta etapa crucial de su vida, la construcción e identificación de su propia línea de pensamiento en cuanto a la percepción de  sí mismo y su relación con los demás, el mundo en el que habita y la sociedad en la que le ha tocado vivir.
La Geografía Física aborda “el dónde vivimos”, la casa común de cada uno de los seres humanos. Su objetivo es el de  conocer, dar valor y respetar las leyes planetarias de la Naturaleza, que nos sustenta a todos, en armonía al orden natural del Universo.
La Geografía Humana profundiza en el análisis radiográfico sobre “el cómo vivimos”, a fin de que el alumno llegue a poder establecer sus propias conclusiones respecto a cómo hacemos uso de los recursos naturales y qué distribución le damos, cómo nos organizamos y cómo nos tratamos socialmente, qué ideas, valores y creencias defendemos sobre todo cuanto nos afecta, cómo respetamos nuestras diferencias… En definitiva, la existencia de la humanidad del siglo XXI a través del estudio de la demografía, de la política, de la economía, de las sociedades y las culturas, de la educación y la sanidad,… del conjunto de la población mundial actual en sus distintos territorios y hábitats.
La Historia investiga qué ha acontecido y “cómo se ha vivido” en el pasado. Su comprensión nos lleva a tomar una mayor conciencia del presente, para poder comprender que es causa transcendente, a su vez, de las consecuencias del porvenir. Indagar el Ayer, el Hoy y el Mañana, por tanto, integra el objeto de su estudio.

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La Cultura Clásica grecolatina es una materia especialmente interrelacionada transversalmente con el resto de asignaturas, por lo que supone de fuente primordial  del pensamiento y  evolución integral de parte de la humanidad (occidental), en complementaria sintonía, por cierto, con el legado de la otra mitad (oriental). Su conocimiento y aplicación en nuestras vidas implementa la virtud de la sabiduría  del pensamiento de la antigüedad y de sus valores esenciales, inherentes  a la condición humana, como individuo, sociedad o especie. La filosofía, la ética de la conducta, la belleza y las artes, la naturaleza, la psique, la deidad, el cosmos, las costumbres sociales y culturales, la organización política y el derecho… En definitiva, transciende el microcosmos y el macrocosmos como un Todo.
La pregunta es: ¿enseñamos académica y analíticamente o educamos en el discernimiento del valor, práctico y real, de las Humanidades a nuestros hijos y alumnos?
A lo largo de los años de experiencia profesional he podido comprobar gradualmente cada día, desde el estupor, como la sociedad en general ha ido abandonando, en un proceso consciente, audaz y acelerado de indiferencia y banalidad, su responsabilidad en la educación de las jóvenes generaciones en el Pensamiento Humanista intemporal. Esto se refleja en:
El propio sistema educativo, (cada vez más sistema y menos educativo): en su misma finalidad de la enseñanza y de la educación, en su formación del profesorado, en los currículos establecidos, en sus conservadores criterios y metodologías didácticas…
Las políticas educativas: en su progresiva trayectoria de recortes y limitaciones que no conducen más que a la precariedad de la Educación y a la falta de oportunidades…
Los medios de comunicación de masas: en su poder de difusión y propaganda de contenidos intranscendentes y alienantes…
Los poderosos agentes económicos, polarizados en un feraz materialismo consumista, que con su prepotente superficialidad, controlan la sociedad global en todos los ordenes…
Las familias: en su inhibición de su responsabilidad educativa, o en su frustración e impotencia ante la realidad que viven sus hijos…
La implantación aplastante del sistema tecnológico que rige nuestras vidas cotidianas como medio y fin de máxima referencia…
La práctica mantenida de la aculturación de las sociedades y culturas minoritarias…
Todo ello integrado e instaurado en un nuevo orden mundial sistémico nefastamente denominado Globalización.
Ante este estado de la situación no faltan iniciativas, individuales o colectivas, como siempre ha habido entre nuestros predecesores, que son conscientes y osadas, coherentes e innovadoras al mantener su mirada en el horizonte utópico, con su acción diaria  en la construcción de una Nueva Educación, auténtico motor de transmutación de la humanidad futura. De ahí, la importancia de despertar del letargo doctrinario…

Pedro Campos.